El truco es un pequeño cepillo de madera y paciencia.
Hay que seguir el mismo procedimiento con el que se labraban los palos en la realidad.
Primero se reducen las aristas con el cepillo hasta dejar el palo ochavado.
Luego se van reduciendo las ocho aristas hasta que queda prácticamente redondo.
Si lo tienes que afilar por un extremo, pues ir dando pasadas sucesivas del cepillo a ese extremo hasta que tenga el diámetro aproximado que deseas. Ojo, que la hoja del cepillo no se clave demasiado porque te puede estropear el palo. Las virutas han de ser finas.
Hecho esto, coges un trozo de lija no muy fina con la palma de la mano y vas frotando el palo al tiempo que lo haces girar. Poco a poco vas utilizando una lija más fina hasta que tenga el aspecto que deseas.
Si dispones de un taladro eléctrico y un soporte para el mismo, puedes sujetar el palo por un extremo en la boca del taladro y aplicar la lija con la mano cogiendo el palo al tiempo que gira. Naturalmente tienes que ponerle poca velocidad y tener cuidado con tu mano.
El método es bueno porque yo lo utilizo siempre. Exige un poco cuidado y paciencia. Naturalmente es posible que no te salga bien a la primera, pero en este mundo nadie nace sabiendo hacer las cosas, así que te conviene que hagas alguna práctica antes de ponerte con el definitivo.