Elisa Ferreira describe también los diversos tipos de embarcaciones tanto mercantes como de pesca empleados en esta época. Además de la Coca, describe otras tipologías muy diversas como la barca (barcha o barxa en documentos de la época), la Pinaza, el Ballener, el Trincado o la propia Carabela, que serían de uso general en zonas geográficas muy amplias, como la Cántabro-Gascona, pero de las que sugiere que algunas podrían tener características particulares en Galicia, resultado de la hibridación de tipos y sistemas constructivos de orígenes diferentes. Sabemos, por hallazgos arqueológicos, que muchos de estos tipos de embarcaciones tenían dos proas, es decir, extremos simétricos, y también fondo bastante plano en su centro con lo que bien podrían estar en el origen de la evolución de la lancha de relinga.
Una constante en la distribución geográfica de esta lancha es la de ser más abundantes en villas con un buen puerto natural o abrigo y con un núcleo histórico de cierta importancia. Tal es el caso de Muros, A Pobra do Caramiñal, Rianxo, Vilanova de Arousa, Combarro, Cangas, Redondela, Pontevedra, o la misma ciudad de Vigo. Estos trazos corresponden a dos necesidades de la lancha, por un lado la de disponer de abrigo, pues por su peso, no es una embarcación que se pueda varar facilmente y subir a tierra en cuanto llegue el mal tiempo y, por otra, dado que su construcción es costosa para la economía tradicional, necesitaba un cierto núcleo urbano, donde se pudiese concentrar un cierto capital para invertir en ella.